jueves, 15 de julio de 2010


Seguir al Maestro
Úrsula había fijado un tiempo: el final del trabajo de verano en el campo. Y, allanadas finalmente las dificultades, el 29 de julio de 1922, acompañada por su padre, entra en la aventura que la llevará por las sendas imprevisibles del Señor. En Alba, en la primera casa propia, después de los varios traslados de los primeros años, el Padre Alberione, que en 1914 había dado inicio a la Pía Sociedad San Pablo con dos chavales, tiene ya ahora un buen número de Apóstoles de la Buena prensa. Desde 1915 existe también un grupo de jóvenes mujeres que precisamente una semana antes, el 22 de julio, con los votos privados y el nombramiento de Tecla Merlo como Superiora general, son oficialmente constituidas con el nombre de Hijas de San Pablo. Úrsula tiene delante el programa dado por el Fundador a toda la obra: “Gloria a Dios, paz a los hombres”, llevar el Evangelio con los medios modernos, que en aquel entonces consistían sobre todo en la prensa. Está segura de que “en la Casa” cualquier ocupación, también lavar la verdura, preparar la comida, lavar y planchar la ropa, está encaminada a este objetivo. El ser cuerpo único en Cristo lleva a todos a conseguir el mismo fin.

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